Palmeritas de hojaldre

O podría llamarse “las famosas palmeritas de hojaldre”.

Estuve dudando si compartir con vosotros una receta tan conocida —no hay nadie al que le guste la repostería que no las haya hecho—, pero siempre que me viene esto a la cabeza, a continuación pienso que seguro que hay alguien que todavía no las conoce.



Son tan fáciles de hacer que las puede realizar un niño: solamente necesita ayuda de un mayor para el corte y para la manipulación del horno.

De paso, este post, con una receta muy conocida, me sirve para comentar unas cosillas que tenía yo ganas:

  • ¿Por qué tiene tanto éxito esta receta? Indudablemente, porque es buena, fácil, vistosa, e infinitamente más rica que la versión industrial. Estoy a favor de la repetición de recetas. Sí, sin duda alguna. Hay quien piensa que esto puede quitar cierta originalidad a los blogs, pero yo no estoy de acuerdo. Por muy repetida que sea una receta, cada cocinero le da su toque y siempre, siempre, se aprende algo. Además de lo tantas veces repetido en esta casa —y que lo tengo muy comprobado— que por muy conocida que sea la receta, hay muchísimas personas que buscan información en Internet, y que no saben de ella.

    A mí no se me olvida que el fin último de mi blog es que en mi casa se coma mejor, cosas más ricas que no he probado antes, y a las cuales ahora tengo acceso a través de compañeros de la blogosfera, y que mis hijas tengan un buen recetario para el día de mañana.

  • Que esté a favor de la repetición de recetas no significa que no siga investigando o rescatando recetas de mi tierra o de otras. Creo que todo eso es lo que hay en casi todos los blogs de cocina, por eso abogo por una blogosfera plural en la que cada uno, con criterio responsable, dé lo mejor de sus recetas, y que realmente sean comprobadas, hechas y rehechas, para que el que las haga tenga los menores problemas posibles al enfrentarse a un plato nuevo.

    Nunca hay un plato igual a otro: todos les damos nuestro toque diferente y lo estupendo de esto es poner a todo el mundo a guisar, a que le apetezca hacerlo, porque a partir de ahí, se ponen en marcha un montón de cosas buenas: recuerdos de la infancia, olores y sabores perdidos, pensar en que ese plato le puede gustar a alguno de los tuyos, pensar en las modificaciones para que se adapten a los gustos de tu casa… El resumen de mi filosofía es que las recetas no son del que las ofrece si no del que las hace: la receta no es una formula química exacta; varía de una cocina a otra. Esto no quita para recalcar lo importante que es en este mundo de la blogosfera de recetas reconocer y enlazar a su autor. Ya sabemos todos los abusos que hay en estos temas y que tanto nos enfadan, cuando alguien con poca educación —y mucha jeta— lo hace.

  • Por otra parte, quiero animaros a todos los que os apetece tener un blog de cocina a sacar ese proyecto o ilusión adelante. Las herramientas que nos ofrece Internet son muy fáciles, y se va mejorando en todos los aspectos conforme se va rodando, sobre todo en fotografía, en escritura y en cultura culinaria. Sois vosotros los que os marcáis cuando queréis publicar y qué queréis publicar. Cada blog se hace con sus lectores, con sus conocidos y con sus blogs favoritos. Os invito, a quienes lo estéis pensando, a lanzaros. No hay nadie en la blogosfera que se niegue a echar una mano ante una duda que tenga alguien que empiece. Me satisface ver cómo crece la blogosfera gastronómica.
  • Y por último, quiero daros a todos los blogueros mil gracias por vuestro trabajo. Los que me conocéis sabéis de sobra lo que valoro cada plato de vuestros fogones y cada minuto de vuestro notiempo dedicado a este mundo tan apasionante.
Tú, que me estas leyendo y no has probado estas palmeritas, que se hacen solas, por favor, vete para el Lidl, compra dos planchas —una es poco— y corriendo para casa. Locos se van a quedar los tuyos. Es justo reconocer que están igualmente buenas con otras marcas de hojaldre, por ejemplo, La cocinera, y ya con hojaldre casero, te puedes morir.

A ello.

Receta
Ingredientes
1 plancha de hojaldre rectangular
Azúcar

Se necesita un cuchillo afilado y un rodillo de amasar.

Si las quieres bañar de chocolate, una buena tableta de chocolate para fundir.

Preparación
1. Precalentar el horno a 200°, calor arriba y abajo.

2. Colocar la plancha de hojaldre sobre un papel de hornear. Extender azúcar por encima del hojladre. Nos podemos ayudar con una cuchara.

3. Señalar suavemente con un cuchillo el centro de la plancha de hojaldre.

4. Ayudándonos del papel, doblar el lado izquierdo del hojaldre hacia el centro, hasta que coincida el borde con la línera marcada con el cuchillo.

5. Repetir con el lado derecho. Extender azúcar de nuevo, y pasar suavemente el rodillo por encima, para que se adhiera bien el azúcar al hojaldre.

6. Volver a doblar el lado derecho hacia el centro de la plancha de hojaldre.

7. Repetir con el lado izquierdo. Extender azúcar de nuevo, y pasar el rodillo suavemente.

8. Doblar un lado sobre el otro, como se indica en el dibujo. Echar azúcar de nuevo por los dos lados, y presionar suavemente con el papel.

9. Cortar a rodajas de 1 cm de espesor con un cuchillo muy afilado. Y ponerlas separadas en la bandeja del horno.
10. Hornear las palmeritas unos 12-15 minutos. Darles la vuelta con cuidado, y hornear un par de minutos más.

Ya os he contado mi método casero para atemperar el chocolate y que os quede brillante —lo habéis visto en los êclairs y en los bombones—. Consiste en poner al baño maría en un bol, encima de un cazo con agua al fuego, las 2/3 partes de la tableta. Cuando el chocolate está fundido y muy caliente, retirar del baño maria y añadirle el tercio restante de chocolate. Remover bien hasta que esté deshecho. Con esto bajamos al temperatura y conseguimos un brillo y una textura estupenda.

Poner el chocolate en una taza —en la que quepa la palmerita— y sumergirla hasta la mitad, dejar que escurra el chocolate, y ponerlo a secar en una rejilla.

Si os apetece ver el vídeo donde se explica perfectamente el procedimiento, os dejo con el vídeo más visto de la historia —bueno, el de Susan Boyle le gana—.

La foto está inspirada en una de Mikel Alonso, fotográfo gastronómico del que podréis haber visto muchas fotos publicadas. Hace tiempo que la vimos, y se quedó grabada en nuestra memoria; ahora, surgió el momento de versionarla —la suya son rodajas de pomelo— para poder compartirla con vosotros. El numerito de montar el tendal y que las palmeritas no oscilaran, para que la foto no saliera movida, se quedará para un making off, cuando seamos mayores. Más mayores, quiero decir.

Versión para imprimir de la receta

El cuenco de una noche de verano

Probablemente muchos de vosotros conozcáis esta estupenda manera de presentar un gazpacho o una sopa fría en una cena de verano. Pero por si no lo habíais visto nunca, y os apetece ponérselo a vuestro personal, ahí va la idea que aprendí de un libro de técnicas culinarias de Editorial Blume.



Me parece una opción diferente y estupenda para que quede bonita una presentación, sin dar mucho trabajo, ya que se hace y se puede desmoldar con antelación, y se tiene en el congelador listo para poner en cuanto nuestros comensales se hayan zampado los aperitivos. Me parece maravilloso, y depende de la decoración que le pongamos, con unas u otras hierbas aromáticas, tendremos un leve toque de sabor que sin duda lo hará diferente.

Quería presentaros en este post el Gazpacho Raf, de Santa Teresa. La verdad es que se presenta solo, ya que nada más ver el envase intuyes que es un producto de los denominados gourmet, sin que su precio sea excesivo —la presentación es en brick de 500 ml al precio de 2,75 €—. Es Medalla de Oro al mejor producto en el congreso Vive las verduras 2008.



Una persona de Santa Teresa se puso en contacto conmigo para que diera mi opinión libre sobre el producto. La verdad es que dicha persona no sabía que en casa somos muy poco amantes del gazpacho comprado, ya que es la típica cosa que hago todos los días en verano, y que no me cuesta ningún trabajo hacer. El fotógrafo cena lo que toque, pero antes de lo que toque se bebe, como si fuera agua, un par de tazas de gazpacho.

Y la verdad nos sorprendió gratamente. Me gustó especialmente:

  • el color, muy rosado como el de casa
  • el sabor. Se nota que está hecho con ingredientes de primera calidad —tomate raf, pimientos, pepinos y ajos frescos— y un buen aceite de oliva —su aroma se nota nada más abrir el brick—, sal y un punto de vinagre de Jerez
  • la textura: perfecta
El aspecto negativo, a mi parecer, viene por el formato elegido: medio litro es esa medida que se queda corta para dos platos pero larga para uno —el fotógrafo discrepa: todo para él—

Este gazpacho está hecho con tomates de la variedad raf. Estos tomates están cultivados con agua salina, y en diversos estudios se ha comprobado que tiene mayores niveles de vitamina C y E. El meollo de la cuestión está en que al regarlos con agua salina la planta responde generando más azúcares y antioxidantes.

Su poder diurético lo conocéis de sobra, y todos sabemos también lo magnífico que es para dietas de adelgazamiento. Además, el Gazpacho Raf de Santa Teresa es apto para celiacos, y no lleva conservantes ni aditivos. Lo encontraréis en hipermercados grandes. En definitiva, es una buena solución si andamos cortos de tiempo para meternos en la cocina.



Para hacer el cuenco de hielo
Dos cuencos, de forma similar, pero que quepan uno dentro de otro. En mi caso he utilizado uno de 21 cm y otro más pequeño de 17 cm de diámetro. Con estas medidas el cuenco de hielo que se forma tiene aproximadamente medio litro de capacidad
Plantas aromáticas y unas flores
Agua
Una lata de conserva llena

Elaboración
1. Llenar el bol grande con un dedo de agua. Poner en el fondo unas hojas de hierbas aromáticas y unas flores, al gusto. Meter en el congelador dos horas.



2. Sacarlo, y a continuación, poner el bol pequeño encima, bien centrado, y situar, dentro de él, el bote de conserva, para que no flote el bol al verter el agua.
3. Llenar con cuidado de agua, y poner el resto de hierbas y flores, según inspiración.



4. Llevar con cuidado al congelador. Una vez asentado, repasar que estén centrados los boles, y con cuidado, cerrar el cajón. Dejar de un día para otro.
5. Unas horas antes de que nuestros invitados lleguen, sacar del congelador, y con una bayeta que estrenemos para este uso, mojada en agua muy caliente y escurrida, frotar ambos boles. Repetir la operación unas cuantas veces hasta que los boles se despeguen.
6. Con cuidado, depositaremos nuestra creación en el congelador hasta el momento de servir.

Me gusta mucho, porque además de la presentación, que ya es de por sí muy atractiva, podemos darle a la sopa fría que presentemos un leve toque aromático, que es el que desprende el cuenco: a mi parecer es de lo más interesante.

Si os apetece otras maneras de presentar un gazpacho, podéis ver:
Espero que triunféis en alguna cena de verano… Sin pasarse tampoco ¿eh? Que luego habrá tortas por repetir en vuestras casas…

Versión para imprimir

Pastel de filo con rape y langostinos

Solamente deciros una cosa: si alguna vez pudierais venir a comer a casa, sería uno de los platos que elegiría sin duda alguna. Con eso creo que están muchas cosas dichas.



Es una combinación fantástica de sabores, incluso para los paladares más clásicos — como los de mis padres— y es que este pastel enamora.

Como ingredientes principales están el rape y los langostinos; la salsa espesa que lo acompaña, le va fenomenal, y la pasta filo, le aporta una delicadeza y una textura crujiente que es el no va más.

La receta original, de Telva, es con salmón y langostino, que es una conjunción estupenda, pero yo siento debilidad por el rape, y de ahí la variante, aunque por precio, mejor la original. De todas formas últimamente encuentro unos rapes no muy grandes y a buen precio, y como yo del rape aprovecho todo —cabeza y huesos para sopas o caldos para arroces y los lomos de cualquier forma—, no encuentro que se me salga del presupuesto.

La pasta filo la encontrareis en los súper grandes, en los lineales donde estén las masas de hojaldre y quebrada, en el zona de refrigerados. Su manipulación es un poco delicada en postres o platos donde tenemos que utilizar la lámina entera, pero para este plato da igual que se rompa un poco: cuanto más rústicos queden los adornos, mejor.

A ello.

Receta
Ingredientes
500 gr de rape
500 gr de langostinos
3 puerros
1 diente de ajo
100 ml de brandy
2 cucharadas de tomate frito
Un brick pequeño de nata para cocinar
1 cucharada de Maizena
Aceite
Sal y pimienta
1 paquete de pasta filo
Mantequilla fundida
1 huevo batido



Preparación
1. Lavar y cortar los puerros en rodajas finas. Pelar y picar el ajo. Pochar en una cacerola hasta que estén transparentes.
2. Añadir el tomate frito y el brandy. Dejar evaporar, e incorporar la nata.
3. Hervir hasta que la nata espese ligeramente.
4. Añadir el rape cortado en cubos, y los langostinos, pelados y en troceados en dos.
5. Cocer durante 3 minutos más a fuego fuerte. Si es necesario espesar con la Maizena, previamente disuelta en agua fría. Sazonar y dejar enfriar.

Montaje
1. Pintar con mantequilla las hojas de pasta filo, y pegarlas de tres en tres. Forrar un molde apto para horno, poniendo las láminas en el fondo del molde. Repetir la operación según queramos el grosor de la base; yo puse un total de 6 láminas. Las zonas que sobresalgan del molde nos servirán para tapar el relleno.
2. Colocar el relleno encima de la masa —si está el relleno a temperatura ambiente, la pasta filo responde mejor— y cerrar los bordes de la pasta hacia dentro. Decorar la superficie del pastel con más masa filo pintada de mantequilla, haciendo con ella una especie de flores, retorciendo la pasta sobre sí misma: cuanto más irregular, más bonito. Sellar bien con ayuda de mantequilla, y pintar con huevo batido, dando toques con una brocha con cuidado de no aplastar la superficie.
3. Precalentar el horno a 200°, calor arriba y abajo y meter la tarta hasta que la masa esté dorada. Servir bien caliente.

¡Ojalá lo disfrutéis como en mi casa!

Versión para imprimir de la receta